En su trono de madera cargado de historias, este Santa Claus de Kurt Adler no reparte juguetes, sino momentos de felicidad atemporal. Con una mano ofrece el ícono universal de la pausa alegre, y con la otra sostiene el círculo eterno de la hospitalidad. Esta escultura de 23 cm captura el instante en que dos leyendas de la alegría se encuentran: la tradición milenaria y el placer contemporáneo, fundidos en una sola silueta navideña.
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